En Gipuzkoa es difícil equivocarse de destino, ya que está repleta de rincones que por sí solos ya representan el alma vasca: paisajes increíbles, excelentes restaurantes, sorprendentes fenómenos geológicos y sobre todo buena gente. El triángulo compuesto por Zarautz, Getaria y Zumaia será nuestro eje en esta escapada. ¿Nos acompañas?

Las pequeñas, y no tanto, poblaciones costeras guipuzcoanas que hace una década podían formar parte del diario secreto de algunos viajeros desvelan ya sin pudor todos sus atractivos, seguras de sí mismas y de su valor turístico.

Sin embargo no han perdido ese encanto que siempre han ostentado. Las emociones son siempre positivas, ya que enaltecen y graban a fuego las vivencias en cualquier lugar que conozcamos y eso ocurre siempre que uno pisa el País Vasco. En esta ocasión describiremos tres municipios en los que podemos disfrutar de paseos por sus calles, entrar en sus tabernas y restaurantes y mirar con gula los productos que exhiben los puestos de los mercados al aire libre.

¿Puede haber mejor lugar para adquirir un recuerdo gastronómico que en uno donde los propios ganaderos o agricultores ofrecen su mercancía?

 

La Zarautz de ahora y de siempre

Zarautz, la playa más larga del litoral guipuzcoano y mucho más

La playa más larga del litoral guipuzcoano, con 2,5 km de longitud y conocida como “la reina de las playas” es solo uno de los atractivos de este pueblo costero que lleva siendo destino turístico internacional desde el siglo XIX. Surf, gastronomía y naturaleza se respiran en un entorno que refleja la esencia de la identidad de Gipuzkoa.

Desde sus orígenes como pueblo pesquero hasta la desaparición de la ballena del Cantábrico, Zarautz ha sido un punto de encuentro de gente local. Y, hoy en día, sus virtudes como destino turístico se conocen internacionalmente.

Su extenso arenal es un paraíso para disfrutar de un día de playa, así como para principiantes y profesionales del surf, y en sus escuelas ubicadas a lo largo de todo el pueblo jóvenes, familias y mayores disfrutan años tras año por primera vez de esta experiencia de contacto directo con la naturaleza. Pasendo por su extenso malecón podemos disfrutar de un ambiente local, con exhibiciones de “herri kirolak” (deportes vascos) muchos fines de semana, conciertos, terrazas y un ambiente cálido y jatorra (en euskera, agradable) cualquier día del verano o cualquier fin de semana del año.

Adentrándonos en el casco viejo, a pocos minutos de la playa, nos sumergimos entre callejuelas adoquinadas con una esencia de pueblo pesquero que hace que cualquier charla en una de sus terrazas o una tarde de tiendas se convierta en una experiencia relajante. En sus tabernas nos esperan largas barras de pintos, podemos ver el ambiente de los baserritarras (caseros) de lunes a sábado en el mercado que está en el centro del pueblo y dejarnos conquistar por la simpatía de su comercio local. Porque en Zarautz la expresión “Ongi etorri” la vamos a escuchar allá donde paremos. Un lugar como este, atractivo para el turismo desde hace décadas, sabe cuidar bien al visitante.

Pero Zarautz no acaba aquí, si continuamos caminando por el malecón llegaremos a las dunas del Biotopo de Iñurritza. Aquí se mezclan aguas saladas y dulces junto con una vida animal diversa y abundante, donde las gaviotas vigilan de cerca la marisma y su abundante vegetación. Y , por último, no podemos dejar Zarautz sin disfrutar del paseo hasta el Cargadero de Mollarri, donde antiguamente se almacenaba todo el mineral extraído de las minas de Asteasu. Desde aquí, las vistas de Zarautz con Getaria de fondo, especialmente al atardecer, son un auténtico espectáculo.

Este paseo te abre el apetito con seguridad, volvamos a la población.

Mucho y Bueno

¿Alguien duda de que la comida vasca te deje saciado? Seguramente no. Al igual que en toda la cornisa cantábrica, la comida de Gipuzkoa es abundante y exquisita y recomendar lugares específicos donde degustarla innecesario. Si bien, no podemos dejar de mencionar el restaurante de la familia Arguiñano que se encuentra junto a la playa, Karlos es uno de los cocineros más queridos y cercanos del país. La saga continua, ya que sus hijos regentan el Arguiñano Anaiak, con un ambiente más minimalista y decorado por Antón Yeregui Uranga, donde se puede degustar desde 2008 las especialidades zarauztarras y otros deliciosos platos. Muchos establecimientos más te sorprenderán, algunos situados en grandes casonas y otros más pequeños pero con platos igual de impresionantes. Entre los más típicos de Zarautz se encuentran los chipirones en su tinta y a lo Pelayo, la merluza en salsa verde, las sardinas, el besugo a la parrilla y el txangurro. Los pintxos son otra estupenda opción tanto como picoteo, en la comida o en la cena. Y, por supuesto, no hay que olvidar acompañarlo con un bueno vino, uno ligero y de color paja, autóctono de la zona y que marida de forma espectacular casi con todo. Por supuesto, te hablamos del txakoli.

Pues bien, ya hemos paseado, comido en abundancia y ahora nos faltaría alguna actividad cultural para terminar este fantástico día. Nos aconsejan acercarnos al conjunto de Santa María La Real, un templo medieval que llama la atención al igual que el Museo de Arte e Historia, donde se observan los niveles de romanización y los enterramientos medievales. Existe, además un patrimonio monumental mucho más amplio que es interesante conocer y que consta de ermitas, palacetes y casas señoriales. Como a casi todos los viajeros nos encanta la fotografía y nos hemos acercado al Photomuseum que alberga una amplia colección de material e imágenes, además de exposiciones temporales.

Getaria

Seguimos nuestro periplo por la costa vasca y el siguiente municipio en aparecer es Getaria. Al aproximarnos, el monte de San Antón (responsable por su forma del sobrenombre del ratón de Getaria) va aumentando de tamaño y se muestra como el objetivo más deseado. Si antes el monumento al marino Juan Sebastián Elkano (hijo predilecto de esta tierra) era lo primero que tenías en mente cuando pensabas en esta población, ahora otro autóctono ha tomado el relevo. Se trata del modisto Cristóbal Balenciaga, cuyo museo es ahora la meca de cuantos gustan del arte del buen vestir. Este famoso getariarra, nacido en 1895, adquirió el gusto por la costura gracias a su madre Martina Eizaguirre, la cual vestía a las más refinadas damas de la época. Tras una etapa de aprendizaje y con sólo 22 años inició su camino en solitario y comenzó a abrir varias tiendas en España. La guerra civil y otros avatares históricos lo obligaron a salir de nuestras fronteras, impulsando así su carrera a nivel internacional. Moda y perfumes marcaron su vida hasta que falleció en 1972. Una de sus últimas creaciones fue el vestido de novia de Carmen Martínez-Bordiu (la nieta de Franco). El cuerpo de Balenciaga permanece en el cementerio de su ciudad natal pero su espíritu lo acoge el nuevo Museo homónimo. Su aportación a la alta costura le granjeó el respeto de otros grandes como Coco Chanel, quien dijo que era el único de ellos que era un verdadero couturier.

Uno de los mejores momentos para llegar a Getaria es al mediodía cuando los asadores de pescado comienzan a expandir su aroma en el ambiente y el apetito se abre sólo con pensar en las fantásticas piezas que puedes degustar de un momento a otro.

Aunque cuenta con bonitas playas, como la de Malkorbe o la de Gaztetape, nuestro lugar favorito es el puerto pesquero, donde los barcos se alinean como en una postal y exhiben nombres que te invitan a pensar en la historia que cada uno tiene detrás. El muelle deportivo, por su parte, más que a artesanos de redes te recuerda a vacaciones y a diversión. Getaria y el mar forman una sola unidad, por lo tanto no resulta extraño que Elkano, el primer marino en dar la vuelta al mundo, fuese oriundo de aquí.

Si estás pensando en adquirir algún recuerdo, puedes comprar conservas artesanas de anchoa, pulpo o sardinilla y, por supuesto, unas botellas de txakoli (con D.O. Getariako Txakolina desde 1989), que ya habrás tenido oportunidad de degustar en las comidas. En la población merece la pena pasear por su casco medieval para descubrir, entre otros monumentos, pequeñas joyas como la iglesia de San Salvador y, junto a ella, las casas-torre de Zarautz y de Ochoa Ibáñez de Olano. Si queda tiempo libre es aconsejable conocer los barrios de Meaga, Monte Garate, Askizu, Eitzaga y, por supuesto, el ratón de Getaria, un parque natural que hasta el siglo XV era una isla y que fue unido por un itsmo artificial al pueblo. Desde la cima, la panorámica de la costa es maravillosa.

Zumaia y su reflejo en el mar

Las imágenes de la costa en dirección a Zumaia invitan a detenerse a cada paso para inmortalizarlas, al menos en la retina. Los acantilados retan al mar con sus formas agresivas y el azul del Cantábrico se deja abrazar por ellos. Cual sirena emergida del océano, esta villa guipuzcoana se despereza al sol exhibiendo un encantador núcleo histórico con el puerto deportivo a sus pies. Sus orígenes la unen a la religión con la fundación inicial de un monasterio al que luego se fueron añadiendo otras viviendas de aquellos que buscaban un lugar desde el que protegerse de los pillajes y la piratería. Gracias a ellos, hoy día disfrutamos de una población hermosa y tranquila, que mira siempre al mar con respeto y admiración.

El arte también sobresale, ya que allí se encuentra el Museo Zuloaga –ubicado en la ermita de Santiago– donde se exhibe la obra del pintor y su colección personal. En el interior de la capilla observarás un Cristo esculpido por su amigo Julio Beobide (artista vasco que dedicó su vida a la escultura religiosa y el realismo costumbrista), quien también dispone de su propio espacio expositivo donde se muestran sus bocetos, herramientas y obras en distintos soportes. Aunque Zumaia tiene carisma, su entorno natural no se queda atrás. Con el peculiar nombre de Flysch se denomina un fenómeno geológico que se observa en la costa (también en Deba y Mutriku) y que consiste en la aparición de estratos verticales en los acantilados, cuando son sobre la plataforma costera se le llama rasa mareal del Flysch. El mejor lugar para verlo es desde el mar, existen excursiones organizadas, así que no pierdas la oportunidad de admirarlos desde ese ángulo.

La cercanía al Cantábrico también convierte el municipio en un destino de salud idóneo dada la posibilidad de utilizar todos los elementos derivados del mar (agua, algas, lodo) como elementos terapéuticos. La talasoterapia se emplea para recuperar el bienestar físico y mental en el centro Zelai a través de distintos programas supervisados médicamente. Su ubicación sobre los acantilados y la brisa marina seguro que hará el resto sobre el espíritu. 

 

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